Mi mamá ya está grande y me cayó la ficha de que no sabía nada de su adolescencia ni de cómo eran mis abuelos. Se lo regalé y nos pasamos la tarde llorando mientras lo llenaba.
- Nos acercó como nunca antes.
- Descubrí cosas que no tenía idea.
- Es el mejor tesoro que le voy a dejar a mis hijos.
— Romina, 34 años (CABA)
